Columnas

En el mes de julio relevamos la importancia que tienen los cuerpos de agua en sus diversidades para la comunidad de slow food chile, considerando y valorando que nuestro país cuenta con miles de kilómetros de costas y riberas, con ríos, lagos y contacto directo y estrecho con el océano pacífico. Gracias a esta interacción ha sido posible la construcción de culturas milenarias basadas en la interacción con el agua como medio de transporte, fuente espiritual y de alimentación.
Este modelo agroindustrial, que se extiende desde Estados Unidos al resto de América, reproduce los patrones de explotación del capitalismo más voraz que afecta y despoja a los territorios indígenas, genera fractura del tejido social y cultural, violentando la vida pacífica de los pueblos, contaminando la naturaleza y potenciando la crueldad y explotación animal. Las operaciones de las mega fábricas de cerdos violan el derecho a la salud de las personas y de las comunidades, el derecho al agua y al saneamiento, el derecho a la integridad personal, los derechos laborales, el derecho a la alimentación adecuada y el derecho a la información y la participación al dañar el medio ambiente de manera irreparable.
La crítica a la actual situación de la alimentación de la humanidad, tanto desde el punto de vista social como ecológico, no puede disociarse de la crítica al capitalismo. Cuestiones como la concentración de las tierras y aguas, los monocultivos, el desarrollo de tecnologías ecocidas, la expulsión de comunidades campesinas e indígenas de sus territorios, el hambre, la malnutrición, y el desperdicio de alimento, no pueden comprenderse como fenómenos aislados sino como la consecuencia de una economía cuyo objetivo no es el buen vivir de la humanidad y el buen convivir con la naturaleza, sino la obtención de rentabilidad financiera para los inversionistas. Particularmente, para empresas cuya rentabilidad se basa en privatizar el patrimonio biocultural de comunidades y pueblos, explotar poderes de mercado y externalizar costos sociales y ambientales.
El derecho humano al agua es fundamental, sin embargo, en muchos territorios de nuestro planeta este derecho tan básico no se cumple. Esta situación, unida a la crisis climática y temas económicos y políticos en la toma de decisiones, debe convocar como Red Slow Food, en conjunto con organizaciones socioambientales y de pueblos originarios a trabajar como un solo movimiento para que las comunidades locales recuperen el acceso al agua.
Como Red Nacional Slow Food, nos preparamos para el Congreso Internacional, momento relevante puesto en el define nuestra dirección política, estratégica y organizativa a nivel internacional, y por tanto, a todos los demás niveles de la organización. Inicialmente planeado para 2020, se pospuso debido a la pandemia de COVID-19. Ahora está prevista para los días 16 y 17 de Julio en Pollenzo (Italia), en el Campus de la Universidad de Ciencias Gastronómicas.
La tierra, el agua y las semillas están siendo amenazadas por décadas de operación de sistemas alimentarios extractivistas en Latinoamérica. Hablamos de dos modelos antagónicos en disputa, que no tienen coexistencia simétrica: por un lado el agronegocio y la hegemonía de empresas transnacionales de agronegocios que financian la agricultura y la alimentación, ha profundizado tendencias previas tales como el abuso de paquetes tecnológicos, la transgénesis, el acaparamiento de tierras y de las aguas, la pérdida de biodiversidad y agrodiversidad, el uso de agrotóxicos, el crecimiento de los ultraprocesados, impactando gravemente a las comunidades rurales y pueblos originarios, que sufren empobrecimiento, éxodo y desplazamiento.
Miguel De Goizueta, escribano de una de las dos expediciones que pasaron por chiloé en 1558, relataba que “los indios andan gordos y bien vestidos […]. de esta provincia de ancud hay grandísima fama de su fertilidad, de mucha comida de maíz crecido é gran mazorca, papas y por otros quinoa […] es una tierra baja, sin monte y de casas grandes, de cuatro a seis puertas…”
El Desierto Florido es un fenómeno natural que ocurre si se presenta una combinación de factores climáticos como la temperatura, nivel de luz, cantidad de lluvia caída y fecha en la que cae, que al suceder estimulan una amplia germinación y crecimiento rápido de especies endémicas.
En este 𝐃𝐢́𝐚 𝐌𝐮𝐧𝐝𝐢𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐓𝐢𝐞𝐫𝐫𝐚 Marcela Ramos integrante del directorio de Slow Food Chile y de la comunidad La Melga Slow Food Chiloé nos deja esta reflexión donde nos invita parar la locura de la vida que hemos construido como humanidad, mirar a nuestro alrededor y reconocer los efectos nocivos que nuestra forma de vida ha tenido sobre nuestro planeta, nuestra única casa.
¿Cómo será en el norte? ¿en el sur? ¿en nuestro Chiloé? Carolina Alvarado nos ayudó y recopiló testimonios de miembros de nuestro movimiento para que logremos visualizar en qué está cada zona de nuestro país y cuáles han sido las dificultades para llegar a lograr las cosechas. Si... no ha sido fácil y te contámos porqué.